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El día está soleado y sopla un aire seco que transporta las hojas que caen de los árboles, de un lugar a otro. Es un bonito día para estar en familia, hacer las cosas del hogar, esas que abandonamos en la semana por el trajín de las responsabilidades laborales. Trapear la casa y compartir un almuerzo familiar, calientito, recién salido de las pailas. Lejos de los hornos microondas o las comidas rápidas que nos agobian en la semana.
Pero también es día de elecciones. Día de cumplir con nuestro deber ciudadano, de enseñar valores a nuestros hijos, de ser patriotas y de cumplir con las leyes. Sin embargo, las juntas receptoras de votos están vacías, no hay electores y sobran comentarios de los que alegan que no hay razones para votar.
No sé si aquellos que se negaron a votar, se darán cuenta del magno acontecimiento que dejaron pasar. Yo diría que no. Se han aislado por causa de una barrera impuesta por falsos educadores que sobran en los medios de comunicación, mismos que describen con especial cronología “supuestos fraudes” y violan sin especial reparo las leyes que tienen claramente establecido el silencio electoral.
Credibilidad. Hace ya más de una década cuando escuché con especial afán esa palabra. Eran los tiempos en los que visitaba los salones de clases de la Facultad de Ciencias de la Comunicación en la UCA. La mencionaban todos los docentes y nos decían que “la credibilidad” sería nuestra firma, y nuestra razón de ser en la vida de periodista y sobre todo, educadores.
Pero da la impresión de que los medios en la actualidad sólo quieren que se hagan las cosas a su manera, por sus pistolas. Ganó la abstención dicen, y se revuelcan en el lodo de sus triunfos mediocres, si quieren hacer política, que se quiten las máscaras y se lancen como candidatos, pero no engañen a la gente diciéndole que negarse a cumplir con sus deberes, es lo mejor.
Credibilidad. Hace rato la perdieron. Yo no paso de leer los titulares y de expresar al momento que interactúo con aquellos que se negaron el derecho de votar, que estos momentos especiales podrían no volver a suceder, pero que ahí queda, atrapado en el pasado, gracias a las campañas mediáticas de aquellos que se niegan a reconocer los méritos de los otros.
No es el descubrimiento de América, pero eso… ¿qué más da?
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