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Teníamos meses pidiendo a Carlos Buitrago que dejara en libertad al “Chocorroncito” que tiene porte de monarca mundial, el boxeador de estilo fino, contundente en su golpeo, fiero entre los tinglados y seguro en su caminar. Ese púgil lleno de talento, de una exquisita brillantes, pero que muchas veces se encierra en los tinglados sin carácter, sin pasión, sin una meta.
Anoche Carlos llegó al gimnasio Alexis Argüello, no sólo a protagonizar la pelea estelar de la velada que organizó Bufalo Promotions, también llegó decidido a terminar con Yáder Escobar y aunque nunca lo dijo, quería desbaratar al rival lo más rápido que pudiera. Subió al ring con la misión de demoler al rival, pues sabía que su calidad era sobrada.
Pero esta vez el orgullo familiar estaba en su mente, Yáder ha vencido dos veces a su hermano Julio y, era tiempo de limpiar la honra.
En apenas 1:34 minutos acabó con Cardoze, a quien me resisto llamar “Roseadito”, pues considero una ofensa al ilustre legado pugilístico de Rosendo Álvarez. Yáder duró más dando la vuelta al ring mientras el mariachi cantaba su corrido, que sobre la lona.
Cayó tres veces. Demasiado inocente o muy soberbio. O quizás el primer golpe le arrancó la conciencia porque jamás busco como amarrar al oponente, teniendo muy claro que su final sería más rápido.
Ese “Chocorroncito” fiera, matador, incisivo, seguro y apasionado sabemos que puede llegar lejos en peleas de título mundial y que también, tiene casta de campeón. Ojala que esa fiereza no aparezca sólo ante los que vencen a su hermano.
@caleroedwin
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