El ocaso del “dios Cabrera”

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El ocaso del “dios Cabrera”

Edwin Calero Velásquez

Muy pocos o quizá nadie fuera de la esfera familiar de Everth Cabrera, pudo concebir que en agosto de 2013 cuando finalmente habló de su problema de dopaje en el béisbol de las Grandes Ligas, estábamos apenas viendo el preludio del ocaso más funesto de un ídolo de multitudes, pero muy al final del camino, un simple héroe de barro.

En aquellos días dijo vía telefónica, desde Estados Unidos al canal 8 de la televisión de Nicaragua: "Yo no me sentía bien mentalmente, estaba perdiendo muchas cosas que con mi esfuerzo había logrado".

Pero aquellos capítulos en los que la MBL acusaba a Cabrera de doparse, aquellas escenas dantescas en las que él negaba todo y, aquel show rebasado de dramatismo en el que inclusive lloró, apenas representó un patético preludio que no pudo contar el “robo” de la serenidad mental del todavía orgullo de Nandaime.

Pero quizá, la culpa absoluta no sea totalmente del otrora pelotero del mejor béisbol del mundo, es de los aduladores que siguen rodeándolos y como rémoras en una perfecta coreografía, de forma muy armónica y tranquila sangran los ahorros que aún pueda guardar Cabrera. Y para despojarlo de su dinero, lo aplauden de manera poca mesurada y hasta celebran sus desaciertos. Everth tiene problemas mentales que lo acosan y lo marchitan como un cáncer, lento pero muy letal.

Hay personas tóxicas, esas que en lugar de construir, pareciera que ponen todas sus fuerzas para trabar las oportunidades de avanzar. De esas debe urgentemente deshacerse Cabrera.

Ya el idilio de Cabrera con el béisbol y sobre todo con las Grandes Ligas, terminó.

La ambición por verlo competir en ese nivel, no puede ser garantizada por nadie. Su fuerza volitiva ha sido quebranta, sus deseos omnipotentes por triunfar y su hegemonía a la hora de trabajar en los campos de entrenamiento, ya no existen. Ahora es un ser de mente débil y sus bajos instintos han sucumbido a un sub mundo que rápidamente lo está condenando a su desaparición total.

Alguien debería levantar la mano para convertirse en el mástil que tanto necesita Cabrera, para que su nave tenga un rumbo menos incierto. Su madre debería tener más protagonismo, la madre de sus hijos podría ser, pero no sabemos que tanto protagonismo les permite el chavalo que causó sensación en San Diego y Nicaragua.

Quizás uno de sus aduladores tenga más incidencia, pues el gobierno de Nicaragua ya buscó ayudar y él rechazó cualquier intromisión. Pero como Cabrera escucha a sus aduladores, quizás ahí hay alguno con raciocinio y que en muy en el fondo quiera ayudar a quien fuera sensacional verlo correr sobre las bases.

La tragedia que vive Cabrera no se puede parar si él no colabora. Necesita sentir asco por lo que está haciendo, necesita que lo invada el temor de la muerte, necesita sentirse desesperado por la falta de dinero, necesita quitarse la venda de los ojos y apelar a la fuerza de voluntad, esa que le permitió escalar en el béisbol, esa misma o quizás revitalizada, que sea esa fuerza la que le ayude a salir del fango.

La impotencia ya no debe ser una opción, ni siquiera una palabra en el vocablo de Cabrera. Las vicisitudes nos alcanzan de muchas maneras y por mucho que busquemos o deseemos que el mal nos aceche de lejos, siempre nos atacará, nos alcanzará y solo queda ser intrépido para dar los pasos necesarios para cambiar y que muchas veces resultan artos difíciles, porque nos hemos acomodado en la zona de confort que nos ofrece la rutina.

Everth necesita de consejos, ayuda. Pero sobre todo necesita forjarse un nuevo destino. Uno libre, uno libre del Everth actual.