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Un Cacique Diriangén disciplinado en hacer cumplir a pie de letra el planteamiento táctico de su técnico, el salvadoreño Angel Orellana, dio sus frutos y entregaron vencidos 1-0 a los imbatidos, hasta ese momento, Real Estelí, el pasado domingo en el Clásico Nacional.
Después de la euforia cacique por el triunfo, es bueno hacer una pausa y analizar el partido, ya que fue un “Clásico” que nada se pareció al de ida jugado en el Independencia de Estelí, donde Diriangén fue borrado de la cancha y goleado 3-0. ¡No! este cacique de entrada lució con alma, orgullo, mucho temple y sobre todo muchas ganas de no doblar la cerviz una vez más frente al eterno enemigo.
No sé si Orellana tenia estudiado a su rival, pero es seguro que le tenía preparado una trampa táctica, que funcionó a pedir de boca: atenazó al Real Estelí con una marcación individual, los asfixió y no les dio la oportunidad de salir con libertad… los mejores jugadores rojiblancos deambulaban en la cancha cacique, cada vez más deteriorada, sin rumbo, desconcertados y aturdidos.
Fue un derroche físico extraordinario de las “cebras”, pero que al final tuvo su botín, la victoria. ¡Qué sabroso es ese néctar al final de la batalla! no importa lo extenuado que se termine, como se veía a la mayoría de los caciques, si la meta se cumplió.
Los primeros diez minutos fueron una pesadilla para los rojiblancos, nomás arrancar el pitazo, a los dos minutos de juego, el meta Justo Llorente ya estaba siendo exigido sacando un relámpago salido del botín del Herbert Cabrera, dos minutos después cabrera volvía a probar y Llorente volvía a volar y sacar el dardo envenenado.
A los ocho minutos una pelota profunda para Eulises Pavón, quien ante la salida de Llorente, se la picó por encima al arquero esteliano, que ve realizado sus peores temores, la bola en las redes, 1-0 a favor de los locales.
Después del gol quedaba un mundo por jugar, los caciques le prestaron el cuero al visitante y empezaron a realizar su trabajo de constricción y a contraatacar. Así puso en aprietos en varias ocasiones a Llorente y su defensa, mientras de la ofensiva esteliana tuvo una sola ocasión de gol, con un desborde por la izquierda de Wilber Sánchez, quien centró para Samuel Wilson y éste en vez de pegarle de primera intención, decidió chupar balón y ¡zas! adiós a la única oportunidad del primer tiempo, la defensa cacique se le amontonó y su disparo se fue débil y lejos de la meta.
Se esperaba que físicamente los Caciques no resistieran en la segunda parte, ya que la marcación individual suele desgastar y al final pasar factura, pero no ocurrió. Los blanquinegros siguieron en lo suyo, para que cambiar lo ideado si te está saliendo fenómeno. Siguieron atenazando en toda la cancha al Real Estelí, que no le encontró nunca la vuelta al partido. Es más los Caciques siempre estuvieron más cerca del segundo gol, que los campeones de la igualdad.
Al pitazo final, el 1-0 diriambino fue merecido. Quizá sin la actuación soberbia de Justo Llorente, el mejor jugador rojiblanco del partido, los locales hubieran vengado la afrenta de la ida. La ofensiva esteliana que suele ser avasalladora, en este Clásico fue minúscula, pigmea, una solitaria ocasión de gol a lo largo de noventa minutos.
Fue un clásico entretenido, no aburrido como nos tenían ya acostumbrados ambos clubes. ¡En hora buena! |